Nada más cruzar el umbral, esta residencia nos entrega una escena teatral: una escalera que no solo conecta niveles, sino emociones. La curva suave de la baranda, la textura cálida de la madera y la luz cenital filtrándose desde el ventanal superior nos invitan a subir… despacio, contemplando.
Ubicada en Antiguo Cuscatlán, esta casa fusiona lo clásico con lo personal. Cada elemento tiene intención. Las columnas texturizadas, los nichos decorativos, los cuadros y objetos colocados con sensibilidad, nos hablan de una arquitectura vivida, donde el diseño no busca espectáculo sino armonía.

📸 La imagen destacada
La fotografía captura ese instante de tránsito entre lo cotidiano y lo extraordinario. La luz natural baña el primer descanso de la escalera, revelando la textura del estuco y el brillo sutil del pasamanos. El ángulo elegido enmarca también la galería visual del fondo: retratos, arte religioso y cerámica, como una narrativa íntima.
Esta casa no grita. Susurra. Cada escalón cuenta una historia. Cada sombra proyectada sobre el muro rugoso parece decir: “Aquí se vive con belleza, pero sin pretensión”.
En un mundo de líneas rectas y frialdad minimalista, esta escalera curvada nos recuerda que lo humano, lo imperfecto y lo cálido siguen siendo profundamente elegantes.
“Subir no es solo cambiar de nivel. Es también elevar la mirada.”
Créditos
Fotografía: Erik Bustamante “Delula”
Ubicación: Antiguo Cuscatlán, El Salvador
Categoría: Editorial de Arquitectura
